Es curioso como se distorsiona la percepción del tiempo cuando uno está metido con mil historias. Los días pasan como minutos, las semanas caen a una velocidad de vértigo y los meses cambian más rápido de lo que cambia el último post de tu blog (este blog)… fatal sensación.

Y no es por que no tenga de qué escribir. Al contrario. Hay tanto que llego a bloquearme (si has entendido “bloguearme”, entonces tienes un problema). Así que, en definitiva, simplemente empezaré.

La visita de Dandan.

Las dos últimas semanas se han visto marcadas por la visita que nos ha hecho el bueno de Dandan, que armado de un billete de ida-vuelta y una gran dosis de aventura se ha pegado un viaje que hacía mucho tiempo que quería hacer. Y a nosotros nos ha encantado que haya sido en nuestra compañía.

Por mi parte tenía muchas ganas de poder compartir China con Dandan. Este pais es un lugar donde la cabeza se pone a mil por hora, hiperexcitada de nuevos datos y percepciones, donde las reglas sociales y culturales son tan radicalmente opuestas que por huevos hay mucho interesante de lo que hablar y reflexionar.

Con él nos hemos ido de exploración gastronómica, pateos culturales  e incursiones a mercadillos extraños. Hemos compartido tardes y noches en cafés, hablando de guiones, inteligencias artificiales y abiogénesis. Hemos disfrutado de desayunos tardíos mientras se comentaban las noticias del día, según caían engullidas por la gravedad de nuestras subscripciones-agujeros-negros de RSS, en un momento en el que el mundo se convulsiona como nunca antes.


Han sido días de conversaciones sobre política, ciencia y como no, China. Un nuevo centro del mapa en este gastado planeta que nos pide a gritos que evolucionemos y que de una vez seamos lo que podemos ser y nos dejemos de intentarlo (Morpheo dixit).

Al final, pasaron las dos semanas como un suspiro y cuando me dí cuenta, estaba despidiendo con cara de sueño a un Dandan constipado en el aeropuerto de Pekin. Nos dimos un abrazo, nos dijimos “hasta dentro de poco” y me quedé mirando como se perdía en la zona de facturación hasta que dejé de ver su gorra. Dandan ya no estaba. Me giré, miré a mi alrededor, China. Mi nuevo hogar. Nuestra nueva vida. Salí de la terminal y cogí un taxi. Me senté delante.

- Ni hao shifu. Wo qu Fulicheng.

- Hao da.

En la cama, May me esperaba dormida para una ronda de besos.

Otoño.

Marulita se pone nerviosa cuando me oye decir: “Joder, por fín, que ganas tengo de que llegue el invierno”.

- No lo digas más!! Lo peor es que luego te quejas de que tienes frio!

Es verdad. Luego me quejo cuando tengo frio. Pero para mí, el placer del frio es poder quejarse cuando sabes que lo puedes solucionar poniéndote ropa, llegando a casa, tomandote algo calentito. En el caso del calor, cuando llegas a estar sin ropa y te sigues muriendo de calor, ¿que haces?,  ¿te quitas la piel?…

Además, lo más importante para mí es que con frío mi cabeza rinde mejor que con calor. Y conforme entra el otoño, los días se hacen más grises y la temperatura baja, mi cerebro comienza a cojer su nivel térmico optimo y me noto más… “capaz”.

También ocurre que llegamos a Pekin en invierno, y la mezcla de estética oriental, callejuelas, rascacielos y temperaturas bajo cero crearon una asociación en mi cerebro de la que me es dificil escapar. Dicho de otra forma, llega el invierno y noto como vuelve el Pekin que me conmocionó, el de mi guión, el no-olímpico, el de los puestos de comida en las calles, el de los abrigos siberianos y las construcciones bizarras que crean este entorno neopunk que tanto me coloca. Extremo oriente, Oriente extremo.

Mi guión

Hace unos meses escribí en este blog. “Ya está!”. Pero no. No está. Pasado un tiempo de reposo, cogí las 152 páginas en las que se había convertido aquella idea que tuve un més de noviembre, va a hacer dos años, y después de leerlas me dije.

- Esto es una puta mierda.

Esto no es malo, aunque si algo descorazonador después de un año de escritura. Pero mejor darte cuenta de ello que pensar que es genial y rodar una basura. Lo dramático es que la senscación y decisión posteriores fueron: “Tengo que empezar de cero”. Y así ha sido. He descartado totalmente esas 152 páginas y para empezar me he  marcado un límite (flexible) de 111 paginas. Me hace gracia el número y está por debajo de la barrera psicológica de lo “aguantable por un espectador”.

¿Todo para nada? En absoluto. No ha sido un trabajo en vano. Al contrario. Me he escrito 152 páginas, una peli de dos horas y media. He aprendido múchisimo sobre la escritura de guiones y sobre como montar una historia coherente. Ha sido un ejercicio excelente. Pero tambien con fallos excelentes.

El más importante a mi juicio ha sido perderme en historias que no aportan nada a las ideas que en un principio me llevaron a querer escribir este guión. Llevado por las ganas de darle “acción” (tensión) a una historia demasiado conceptual, me he ido a un cine estandar, cuando esta historia requiere de un estilo propio, de una estructura propia que muestre aquello de lo que realmente quiero hablar.

Así que aprovechando la visita de Dandan, que es un amante de los sistemas complejos y de divagar usando la ciencia como trampolín (además de ser perfecto conocedor del guión), volví a trazar las líneas que sintetizan todo el tinglado, ecualicé los conceptos buscando los harmónicos y me planteé una nueva historia, esta vez nacida de los conceptos, en lugar de adecuar los conceptos a una hisoria que “mola” de por sí.

En definitiva, que he vuelto a empezar. Llevo 4 páginas. : )


2 Responses to “Extremo oriente, Oriente extremo. Consciencia en movimiento.”

  1. dandan Says:

    después de nuestras charlas por allí, este post es un regalito - para mi ha sido un viaje importante, que todavía tengo que descomprimir, y ha sido genial estar con vosotros - nos lo hemos pasado bien, ¿eh?

  2. Pedro Jiménez Says:

    Wow muy buena pinta tiene ese guión :) Seguro que salgo algo muy interesante… aunque sea un poco cotilla es guay leer post de este tipo…

Leave a Reply