This entry was posted on Wednesday, May 7th, 2008 at 10.42 pm and is filed under China, General. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.
Go en el parque de Templo Lama
Author: Administrador07.05.2008
Para romper la rutína de los días entre semana, esta tarde hemos quedado con Sebastian, uno de nuestros nuevos amigos franceses, para dar una vuelta por el parque del Templo Lama.
Mientras íbamos en el taxi camino a la zona May y yo comentábamos sobre lo asombrosamente rápido que ha florecido la aparente poca flora de Pekín. Al contrario, Pekín rebosa de zonas verdes y árboles, lo que pasa es que en contraste con la mega ciudad gris y apocalíptica la cosa parece que se queda en poco. De todas formas y no se si será por la cantidad de CO2 que hay en el ambiente, cuando estás cerca de verde se nota… árboles enteros que hace dos semanas estaban totalmente pelados ahora parecen del Jurásico, con las ramas curvadas del peso del follaje. Increible.

Justo a la entrada había una pequeña tienda y mientras esperábamos a que llegase Sebastian le hemos hecho una visita. Era una tienda de souvenirs pero de muy buena calidad. May ha comprado un libro de láminas de papel cortado mientras yo me perdía entre los estantes curioseando.
Ha sido entonces cuando me he encontrado con toda una sorpresa. Un aparato que hacía muy poco que había visto en un documental y que no esperaba ver ahí para nada. Y menos tan pronto.

Se trata de una réplica del sismógrafo de Zhang Heng, que era un científico chino de siglo 2, concretamente inventó el aparato en el año 132, mil setecientos años antes que el primer sismógrafo europeo. Ahi queda eso.
El dispositivo es realmente ingenioso, os dejo el enlace a la wikipedia donde podeis ver una foto mucho mejor que la que tengo (de la emoción me salió patatera).

Después del encuentro con la ciencia milenaria china, ha llegado Sebastian con su bici, hemos sacado unos tiquets después de que nos riñiesen por entrar sin tiquets (y yo que se?) y nos hemos dado al paseo prometido.


Sebastian es un tipo interesante. Es Suizo, de Ginebra (mira por donde) tiene nuestra edad y lleva 12 años en China. Llegó cuando su padre lo mandó a China a encontrarse con su tio y este le metio directamente en una academia militar china cuando en China no se veía la cara de un occidental para nada. En esas condiciones Sebastian aprendió chino en tres meses. Ahora se dedica a sus cosas que van desde dar clases de Taichí a enseñarme a jugar al Go, algo que me irá de lujo cuando llegue Dandan, que hasta ahora me ha ganado en todas las partidas de ajedrez que hemos jugado.
Y es que esa ha sido la otra sorpresa de la tarde. Al llegar a una zona entre árboles y aislada de las zonas de paso, Sebastian ha sacado una especie de cinturón de lona naranja de doce metros y lo ha atado entre dos árboles para, como el decía, delimitar un poco el espacio y para poder hacer ejercicios como tumbarse encima de la cinta de tela y descansar un poco.

Ha sido entonces cuando Sebastian ha sacado un plástico amarillo plegado, lo ha extendido sobre la hierba y plas.. tablero de Go. Acto seguido ha sacado de su mochila dos cajitas de plástico redondas con las piedras que se usan y se me ha quedado mirando con cara de “¿una partidita?”.

Me ha sorprendido bastante porque quería aprender a jugar pero no había tenido la oportunidad de hacerlo todavía con nadie que supiese y me explicase el asunto. Así que de maravilla: “explicáme”.

Las reglas del Go son muy sencillas dentro de la posterior complejidad del juego. Se trata de aislar las fichas del contrario con las tuyas. Las fichas aisladas se retiran del tablero y la partida la gana aquel que tiene más fichas sobre la mesa cuando se decide que la partida ha acabado.
Lo de decidir cuando acaba va en serio. A diferencia del ajedrez, donde tienes que hacer que caiga el rey y eso marca un final, en el Go no hay final. El proceso es infinito, sacas una piedra de tu montón, la pones, el otro pone, te aislan tres, las pierdes y vuelven a tu cajita para volver a salir. Así lo mismo con el contrario, de forma que si no eres muy melón, el equilibrio entre un jugador y otro da lugar a partidas cuya duración es… infinita.

El caracter de duración infinita, junto con el hecho de que no hay jerarquias de piezas, ni movimientos determinados como el de un álfil o un caballo, hacen del Go un juego imposible para las computadoras. Algo de esto comentó Dandán en un post suyo. Dejo que él mismo aporte el enlace ;)
Para mí esto es interesantísimo, en un momento en el que no paramos de comparar nuestras capacidades a las de las máquinas y computadores y de comprobar que nos ganan terreno humillantemente, el hecho de que un juego en apariencia tan simple sea una pesadilla para un ordenador me hace pensar en todas esas funciones cerebrales que todavía no tenemos muy claras en nosotros mismos y que probablemente nos situan en una configuración a años luz de cualquier CPU.

Con esos pensamientos, con mi inexorable derrota en el futuro inmediato y con Marulita paseando a nuestro alrededor, se ha pasado la tarde bajo la sombra de un viejo arbol en el centro de Pekin.












9. 05 09, 2008 at 1.08 am
vaya entrenamiento celestial, Mr. Rez Fen Go! a ver si me busco yo también un árbol por algún sitio para refrescar el go de cara al próximo torneo pekinés - genial que Sebastián enseñe Taichí, porque es algo que también quiero refrescar cuando vaya por allí - vaaale, pongo el link al tema del go y la Ia:
http://dandan.balearweb.net/post/36072