26.01.2006

Para que veais lo que da de si pegarse una soberana ostia (fisica) en la vida de un friki, colgamos la “Cronica de una ostia anunciada” a disposición del respetable. Va por ustedes.

Ayer, arrebatados por un impulso juvenil, cogimos, como el que coje las
llaves, los patines (unos nuevos de una sola linea de ruedas que tienen un
aspecto suicida y para los cuales estamos haciendo la web) y nos fuimos
al Raval a atropellar transeuntes.
Después de un rato de rodar por varias calles de la zona, fuimos a parar
a una donde un amigo regenta una tienda de ropa y discos.
La tienda en cuestión, llamada GhetoZoo, está situada en una zona
peatonal en pendiente, lo cual, como imaginarás, se presentó como una
zona de pruebas y ensayos del más alto riesgo en el que a punto
estuvimos de partirle un tobillo a un anciano y tirar un carro de bebé
con ñiño dentro.

Bueno, la cuestión es que al final, tanto Guille, como Juanjo y yo
tuvimos nuestro momento de juventud-no-perdida-por-la-mala-vida pero
también acabamos irremediablemente esparramados por el suelo en cuanto
salimos de la zona “segura” de pruebas.

Guille fue el primero, lo que dada su experiencia como patinador
juvenil, nos aseguraba a Juanjo y a mi un futuro idéntico o peor.
Empezó la lección al ser el primero de los tres monos en cruzar El Paso
de Peatones” que nos llevaría a “La Otra Acera” con una sugerente caída
en plancha sobre la diagonal de un paso de peatones, lo que le dejó cual
pez en la orilla de la playa mirando a los coches que venían desde
arríba de la calle. Fue muy gracioso pero nos cortamos un poco por que
era la primera. Aplaudimos y continuamos.
Después, en una zona de obstáculos, cayó de innoble forma (de culo)
gracias a un curioso “caballito” a la Valentino Rossi seguido de un
inoportuno giro de 180 grados que acabó con su ano en el asfalto. Ahí si
que hubieron muchas risas.

Luego le tocó el turno a Juanjo, que en una osada incursión a la otra
acera (sin mirar si venían coches por detras de él), previa rampa para
minusvalidos, acabó construyendo una abolladura del tamaño de un melón
en un coche que se encontraba aparcado en la trayectoria de su cuerpo.
Cuerpo que, tras un gracioso traspiés, se había visto condenado a las
leyes de Newton y por tanto, a recorrer sin patines y sin contacto con
el suelo, una distancia de 5 metros a una velocidad de 6 metros por
segundo.
Como para poder hacer esto, había tenido que doblar una esquina, había
salido de nuestro ángulo de visión y solo pudimos oir un “Bum!” metálico
y sordo que rápidamente identificamos como “un Juanjo cayendo”. Muchas
risas también. Acto seguido apareció en la esquina riendo pero con una
mueca de dolor. “Ostia. Me he roto un puto dedo.” Nos reimos más, entré
en la tienda, cogí un trozo de celofán transparente de embalar cajas y
le entablillé el meñique con anular. “Esto me lo hacían de pequeñajo en
Judo” le dije resuleto sin tener ni idea. “De puta madre”. Cogió la
tabla y siguió patinando.

Tras horas de ir y venir y pocos sustos, me había confiado y me sentía
el amo del asfalto del Raval. Seguía resuelto a Guille en incursiones
por “Toda La Mitad de la Manzana” e incluso haciamos competis de bajada
desde dos manzanas peatonales arriba. Tambien bajábamos y subíamos
rampas de minusválidos como el que se baja una cremallera (todo esto a
en una tabla flexible con dos ruedas). Bien. La cuestión es que un
momento dado de subidón nos planteamos la genial idea de “Saltar el
Bordillo”. Tras dos intentos infructuosos sin consecuencias,
sorprendentemente, me salió. Grave error. Más confianza. Menos análisis.
Más azar. Consecuencia: mi talegazo.

En en siguiente intento, quise saltar el bordillo como el que salta por
un acantilado de la costa atlantica francesa, con fuerza, veloz, a saco.
Y entonces caí mal. El patín se fue y mis pies tras el. Luego vi algo
que nunca antes había visto: mis pies estaban a 1′80 metros de altura y
mi cabeza también. Paralelos al suelo. Newton otra vez.
La caida se la llevó la palma de mi mano que estaba totalmente
perpendicular al brazo, antebrazo y hombro. Este último, en un efecto
parecido al de las bolas de billar al chocar, se llevó realmente toda la
fuerza del tremendo impacto a peso muerto. Tras ver que no me había roto
nada, me dió un ataque de risa-gemido acompañado por las carcajadas de
Guille. Luego vimos que tenía la mano como un negativo del suelo y que
me colgaba el brazo. Y nos reimos más. No lo tenía roto pero tuve que
coger el patín con la otra mano, y volví a la zona de partida como sólo
vuelven los romanos que se han pegado con los galos de la poción
magica.

Al rato nos fuimos a casa, no sin antes saltar de nuevo el bordillo, por
huevos (esta vez satisfactoriamente) y deleitándonos con una elegante
bajada de Juanjo por el todo el Carrer del Hospital vía La Rambla,
pasando delante de los maderos el dia de antes de aprovarse la ley que
prohibe ir con patín por la calle.

Al dia siguiente por la mañana, Juajo y yo estábamos en urgencias del
hospital de La Esperanza.

-Que os pasa.
-Nos hemos caido patinando
-¿Los dos?
-Si
-Es que probamos patines.
-Ya.

Nos pasaron por rayos X y al rato nos encontrabamos los dos en el
pasillo.

-Que tienes
-Me he roto un dedo. ¿Y tu?
-Me he dislocado un poco el hombro.
-Tengo hambre.
-Y yo.

Nos hemos ido a casa. Hemos comprado unos bocatas por que no podíamos
cocinar. Juanjo llevaba un dedo de la mano derecha rodeado de movidas y
yo llevaba un brazo en cabestrillo pegado al pecho. Se han equivocado al
ponernos el bocata porque en Cataluña entienden por “longanizas” (que es
lo que queríamos), “salchichón” y si quieres longanizas tienes que pedir
“salchichas del pais”. Así que nos hemos ido a casa con nuestros bocatas
de tortilla de patatas con salchichón (?) y unas cocacolas. Hemos hecho
fotos de las radiografías y las hemos colgado en el blog.

A estas horas, me he quitado el puto cabestrillo por que si no, con una
sola mano, el presente texto no lo habría terminado hasta pasado mañana.
Pero creo que la he cagado un poco porque me molesta el hombro este de
la izquierda y cuando lo muevo a veces hace clac.

Pero bueno. Que muchas risas todo el dia con la historia esta. De
momento ya hemos pillado el patin para el pasillo. Ya sabes. Como unos
mongolos.

(Extraido de un mail a nuestra “madrina” Mila ;) )


5 Responses to “Parece mentira lo que esta historia estira”

  1. mila Says:

    ay esos jovenes potrillos descontrolados!
    Esta cronica estilo quijote XXI me refresca de par de mañana, y lamento el resultado final… a pesar del dolor sabeis disfrutar je
    Alguien en la redaccion se pregunat si sois jackass a la catalana
    Despues os llamo para ver como estan esos huesitos. Tal vez debeis beber mucah lehe, de la buena no de la mala para que se os suleden acuanto antes, je

  2. dandan Says:

    has volado, has volado!!! bueno, solo falló el tren de aterrizaje (no sabía que el diseño de webs era un deporte de riesgo).

  3. tanaka Says:

    quelidos amigos del clan tanaka
    les enviamos nuestlas sincelas condolencias pol dedo loto y homblo dislocado.
    como dijo el poeta chino wangchiuhuang:
    el viento sopla
    el junco se dobla
    pelo no se lompe…

    un saludo del clan TANAKA.

  4. carmen Says:

    ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!! pobesitooooooo!!!!
    te vas a convertir en todo un skater… acabarás
    con mas dislocaciones y torceduras en el tobillo
    que santi… jajajaja!!! ya veo que estás disfrutando,
    si te dislocas un hombro y te ríes, es que eres feliz,
    entonces supongo que me alegro!!! muchos besitos!!!jejeje…

  5. costa del sol property Says:

    cost del sol property

    costa del sol property

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